La Rata, Los Sapos Y La Tórtola.
Había una vez, una rata la cual siempre se osaba pasar de
un lado de la calle a otro, esa rata era la rata más osada de la alcantarilla
donde le había tocado llevar su vida. Tal tenía la mejor madriguera y los
confortes de toda la jauría de ratas y demás bichos habitantes de la
alcantarilla, la rata solía estar en el día tirada y echada con su buche
gigante, comiendo y lamiendo los desechos raptados a sus demás vecinos, y a
todo esto a pesar de ser la más zagás de todas las ratas y demás bichos raros o
rastreros los cuales habitaban la alcantarilla y de así ser capaz de usar sus
habilidades de andarse por los tejados, parques, jardines, solares y basureros
cercanos, esa, la rata había decidido ser la dueña de la cloaca, y nadie por
encima de esa, la rata daría orden alguna o impondría leyes con bases a lo definido
por sí misma, es decir: se hacía, si la rata opinase, la rata ordenase o sí la
rata decidiese; aunque en su régimen factico prohibía totalmente toda otra
forma de gobierno adversa, cóntraria o incluso voluntaria, y bien así el modo
de gobernar por optar se había decidido en orientación tal a la anarquía
crónica, donde sólo el in-poder y su des-favoralidad, es decir el
contra-patriotismo y la oligarquía tiránica, se imponían en manera aparente:
sin mando de rigurosidad. así aquel tipo de poder terminaba ofrecido cómo una
libertad ficticia, donde, individuo o grupo tuviesen, el poder de hacer lo querido
o lo venido en gana, y al igual cada cual lo decidido por cada quien, pero en
ultimas ésto terminaba siendo sólo una posibilidad, una quimera o una utopía.
Aun no así para todos, eso sí, para el vil y el tirano lo qué así ya era un
todo, el ejercicio de la esclavitud moderna, y el eje motor feudal-factico
extremo; donde los viles desde el poder de aterrorizar a las especies, imponían
maldad y crueldad y crimen, ya de allí podían hacer lo venido en gana, pasando
por encima de quien quisieran, pisando y atropellando a los demás bichos de la
alcantarilla, y todo esto aparentemente sólo en “algunas ocasiones”.
En su monopolio tácito en la aparente bohemia del arrabal
tuguríano, allí en la alcantarilla de la “elite”: los mohos, excreciones,
secreciones y putrefacciones se ofrecían a granel, acompañadas de quien sabe
que estridencia de ruidos, quejidos, gemidos y alaridos cacofónicos, la rata
gordete, era una especie egoísta, agresiva, cochina y grosera, quien codiciaba
raptar especies crías, para hacerlas creer ser ratas iguales a esa. La rata
gran auspiciante del pánico, nunca permitiría una limpieza en el aire o menos
un tratado en el agua para librar a los demás animales de su prisión ratuna, la
involución aposte del tomar los huérfanos de diversas especies al caer presos
en la alcantarilla, aunque en cierta medida era “acá” donde podrían hacer lo cual
así se les viniera en gana.
Uno de los habitantes el cual había quedado solo
desde su precaria infancia, había sido uno de los tantos animales grotescos, igual
a otros habitantes del espacio cerca de la laguna, la cual estaba ubicada cerca
del parque, y de allí las aguas negras en la atmosfera, donde tales daban un
aire de lugubridad urbanista al ambiente, para tal ecosistema; el animalejo
pintoresco era llamado, la rana peluda. tal había mutado su estado de anfibio a
vividora en plantas húmedas casi secas, arbustos de escasas hojas y troncos de
arboles, tal no podía acercarse en el día al agua por la alergia a los
excesivos productos químicos industriales y ácidos usados en la minería,
siderurgia y metalurgia, pues tales le habían afectado la piel hasta un estado
donde psicológicamente, rehusaba a ser quien realmente era, y verse o sentirse
hermosa y dichosa conforme con su aspecto, al punto de tratar de evitar ser
vista por la especie humana y aunque también de algunos animales a toda costa.
ahora con su apariencia sapina, atraía moscas e insectos a su merced, pero le
era imposible croar, ya el sonido estrepitoso de la urbe, sumado a los ruidos
faltos de temple de sus amigos en el barrio “la elite de la rata”, cómo le
llamaban gratificante mente sus colindantes, le habían impedido a gran escala
hacer su llamado a la lluvia, la sapito peluda toda ella, continuaba con su
carga, de querer evocar a las aguas dulces puesto qué tales podrían llegar del
cielo a sus cercanías, y en ellas traer paz a su vida y la de sus cercanos, los
cantos acometidos cuando podía, también atraían la complacencia de muchos de
los demás fenómenos de la alcantarilla, aunque sus melodías tristes evocaban
bluss´es y soul´es casi prohibidos para tales parajes de la vida hantríca,
donde sólo aclamaban las euforias de los hechos de actos de personajes atroces,
para tal realidad tan tétrica, en el
átono para complacer el ambiente hostil, de esos ligados a lo peripatético;
ella la ranita peludita, además de tener tanta fe en sí, contaba con un gran
defecto, tenía cabello, además, sus brazos eran más largos en comparación a sus
patas contrario al resto de animales de su especie, y así además de ser rara en
sí por raza, era rara por su propia naturaleza.
entre todos los chismes los cuales runraban la cloaca, decían de todo de la
ranita, le ponían en malas acciones o inventaban respecto a su aspecto o su
canto o su alimentación, y solían hacer lo mismo con los demás animales “involútados”
quienes desobedecieran a la rata gordeta, al menos esto era lo dicho por los
sapos, justamente los otros compañeros de tumulto y juergas dentro de la
alcantarilla, con aquellos era más
difícil, era más variable, era inviable y era por así decirlo impreciso; puesto
ya decían una cosa, y luego: otra vos, y otra, y otra, y de igual forma, nunca
parecían llegar a conclusiones, un día croaban por algo, y al otro día por otro
algo, y así la pasaban, un día amaban la rata, al otro día eran acérrimos
enemigos insubordinados de ese, mas luego podrían reconciliarse y aquel siempre
había sido el terror de la mayoría de habitantes de la alcantarilla, hasta
incluso de los mismos sapos en los cuales pesaba cada paso por aquel dilema.
La Rata, los Sapos y la Tórtola.
II parte.
En uno de esos días, un día de esos días comunes, día en
cual todo parece más común que siempre, día en el cual dentro del sentido
común, el tódo indica habído un cambio
en común, pero al pasar el sol a lo más alto del medio día, todo pasó a una
realidad grave, la cual ha sido a causa de la rata haberse quedado dormida a
causa de la resaca, dado por el alto consumo de excreciones y secreciones, ello
por la fiesta brindada el día anterior, y así despierta cuando el sol declina a
continuar su agrandada juerga, y con un gran antojo de un caldito para calmar
el malestar, aparentemente en su pretensión mayor se hubo antojado de caldo de
ancas de rana, esto a todo, dado a la llegada de voces oscuras sobre la
negatividad de la ranita, de participar completamente en sus juergas, ello daba
motivaciones a la rata para buscar el punto de quiebre, donde dudara la rana
incluso de sí misma.
En la rata surge un agravio disfrazado de motivo en lo profundo, para
subgestar a sus compinches, los sapos, para imitar los sonidos urbanos, además
de los propios de la cloaca a altas tonalidades, altos volúmenes, altas
estridencias o por decir así altas gravitaciones, ya ello silenciaría el ruido
de la cacería, la cual, la rata pretende montar encima de la ranita sapito
peludita. Además, por la negativa de apoyar los sonidos de la bulla
estrepitosa. Por otro lado. La rana anda
en una confusión enorme, además de haberse enterado por los sapos cómo era de
costumbre, de los obscuros intereses de la rata hacia ella, ella la rana, no
teme en lo más mínimo, pues ya en realidad no tiene nada que perder, por su
libertad de pensamiento, hecho y obra, /quien nada debe, nada teme./ piensa en
vos alta u opina conforme a su libre pensamiento, así continua, y sale en búsca
de su alimento, en los términos más discretos; entre sus proezas cuenta con sí misma
y la vez su canto, y sus fuerzas y habilidades a pesar de tener la lengua tan
corta, cuenta con cierta habilidad para atrapar insectos; con sus brazos
abiertos en su extensión plena, no son buenos frenando, pero le brindaban una
extraña habilidad de sustentación en el salto, y a pesar de no contar con
dientes posee labios duros y gruesos los cuales usa para comer semillas y
romper sus caparazones, además de unas extrañas y gruesas uñas en sus patas
traseras, ya tales más parecen unas garras, algo extraño en su raza.
El día llegado se demarcó, tódo está confuso, además las
nubes parecen llamar solas al agua, rana se siente acosada, perseguida,
amenazada, al punto de deambular en busca de tranquilidad y algo de comer o
guardar, sale hasta al paraje más temido en el extremo de la alcantarilla cerca
de la “autopisa”, la gran autopista gigante donde transitan vehículos de día y de
noche, y los ruidos intimidan al resto de los animales, además por la movilidad,
pocos animales salen vivos de allí, los rúidos de la cloaca parecen que
intimidan a la rana peluda ya que le persiguen por donde quiera que esta se mueva,
con la libertad la cual ella misma guarda en sus adentros, los ruidos
perturban, y a la vez le espantan a su preciado alimento, ella se acerca más a
la orilla de la autopista o auto/pisa cómo le llaman a tal los animalitos de la
cloaca, ella persigue a una pequeña máriposita y cada que se acerca, siente
lastima de aquella lindura, y por extraños motivos se siente agraciada, pero la
mariposita se espanta y huye espavorida hacia algún sítio, rana ignora el hecho
e incluso siente confusión por el suceso del acto tal, ya eso de estar
persiguiendo un animalito indefenso, quien se basta a sí mismo, y la pasa de un
sitio a otro con la libertad propia.
En uno de los intentos por agarrar a
la mariposita, rana sin percatarse mira a atrás, y siente cientos de ojos sobre
los rezagos de las plantas oscurecidas por la tarde nublada, con señales de lluvia;
y en medio de tantas miradas, una mirada en particular con ojos rojos sobre
ella, rana mira para otro lado /debe ser
mi delirio de persecución/ piensa rana. Pero en realidad ella ha sentido
para sí, al ser de la rata gordete la
cual añora roer las hermosas y raras ancas de sus patitas. Así ranita se mueve
a toda prisa y busca para sí un mejor lugar, para poder continuar en casería de
observación tras la mariposita, cada intento de rata resulta frustrado, dado a
su excesiva obesidad, ya terminaba cansado a cada intento tratando de atrapar a
rana, ese la rata tomó aliento y acosado por la presión continua la persecución
donde busca estar más cerca.
los sapos los cuales ya se han cansado de
acosar la rata, al rata no haber demostrado el vigor requerido o más bien
presunzuado, aunque en sí la vileza y la perversión por perseguir a alguien con
tanta lindura. Mientras la ranita encariñada con una especie insignificante, a quien
persigue, resulta ser de suma importancia en la dieta de los demás sapos,
además tal en la decoración de tan hantríco ecosistema, se ve tan libre, tan
tierna, pero tan voraz y tan compuesta, para tan inhospital paraje, ya esto
descompuso algunos de los colegas criminales de la rata pues ya la gran mayoría
había sentido lastima ajena de aquel penoso personaje, puesto qué a pesar de su
atroz tiranía, no había sido capaz de cazar a la más simple e indefensa
criatura de tan basto estanque; la rata en su azore por tan cruel
presentimiento en su delirio, aumenta su velocidad con síndrome de torpeza, y en
excesiva velocidad, y voracidad, la rana quien ya está lista para aquella
persecución, instintivamente aumenta su rapidez hacia el tronco de un árbol
cercano, los animales y sapos quienes ven aquel audaz episodio, atónitos,
suspenden los gritos obligados, y se hacen de hacer barras, aunque en sí tales fraccionadas
por el hecho. La mariposita aterrada por el evento sorpresivo, orienta a la
rana dándole ánimo, ésta continua hasta el tronco del árbol, dando extraños
saltos hasta el sitio en el cual se haya la máriposita, la ránita saltó hasta
el punto, más la rata en su intento de llegar hasta la rana, aumenta la
velocidad a un punto increíble, donde no contuvo su propio equilibrio, y en una
piedrita tropieza y se va de bote hasta la raíz del tronco a una inmensa
velocidad, el golpe fue en seco, brutal y lascivo…
La Rata, los Sapos y la
Tórtola.
III parte
El golpe aquel ha sido tan agitoso cómo peligroso… ya rata
puesto por el golpe en seco y del esparrame de su cuerpo contra el tronco del
árbol, donde alcanzó a rozar una pática de rana, la ranita adolorida y aquejada
tras el rastro de la mariposa sigue saltando hasta conseguir sitiarse en una de
las ramas vertientes del árbol y allí descansa para mirar qué ha sido de rata,
muchos de los compinches de la rata ríen a carcajadas y a diente pelado,
mientras los otros inducen temor por aquel suceso y se atumultúan para
amedrentar a los opositores y disimulan el hecho con risas sardónicas, aunque
el estado de la rata con su nariz rota y tres dientes menos, en el estado mayor
de detracción, se avienta en contra de la turba rabioso, descontento,
frustrado. Mientras alude aquella pequeña multitud, /donde están mis ruidos/ grita la rata, mientras sus ojos rojos de rabia, y su boca
jadeante y sangrante por el golpe y por los mordiscos propiciados a la multitud
/quiero oírlos a todos/ la rata aun
azonzada por el golpe, continúa su alusión disloca /ahora comeremos sancocho de rana porque rata
no hay pa nadie./ y levanta su puño
derecho mientras cóntinua en su alusión rítmicamente, /sancocho, sancocho,
sancocho…/ pero nadie le sigue, nadie
le escucha, aparte de un puñado de sus compinches quienes roen a la pequeña y
aparente masa, para que alaben a su desquiciado líder avariento, codicioso, chichipato
y lujurioso; la mariposa continua dando el trazo de rumbo a la rana; mientras
la rata toma impulso haciéndose hacia atrás, para encaramarse al árbol, lo cual
logra con aparente destreza; pero el público atumultuado al tiempo, ya elogia
es los movimientos de la rana, la cual se desplaza sobre el árbol con gran
destreza, perspicacia y rigurosidad; la rata ve con desden el aplauso de la
masa a la rana, se las dá de él también y aplaude con la pretensión de aludir, más
al tiempo qué trata de robar el show e interiorizar a su contrario, así la rata
tras de rana con movimientos torpes fracasa en cada intento, aunque con su sagacidad
logra develar los movimientos seguidos de la mariposa por salvar a rana, pues en
su desespero nota como la mariposa muestra el trazo adelantado a la rana, así
que se da de ignorar el suceso, em pero disimuladamente redirige sus pasos y
logra a develar el encasillamiento próximo, rata hace dos giros de movimientos
en busca de adelanto y logra encasillar a rana en una rama del árbol, un brazo
o gajo de ese, estrecho, largo y frágil que da justo sobre la carretera, la
autopista o “autopisa” plagada de vehículos que van a altas velocidades, la
mariposa no deja de merodear sobre rana, alterada por el suceso; la rata sigue
caminando en dirección de rana frente a ella hablándole a los ojos /aquí sí te
comeré, ranita, asquerosita, grocera, yo te quería en el sancocho pero te
comeré cruda./ los ojos rojos y dilatados de la rata gordete,
que no se apartaban del rostro de rana, atemorizaban a la pobre ranita, que ya
había perdido el norte tras el trepar hasta el último espacio del hermoso
árbol, donde había decidido refugiarse, tras la persecución, rana sintió un
leve chasquido de la rama pero sin temor, continuó hasta un lado más angosto de
la misma rama, el crack del chasquido de
nuevo se repite, una y otra vez flexionando la rama, con vista hacia la
carretera, pero la rata enceguecida de la rabia y con deseos de gloria más en
sí su atrocidad. La rata sólo piensa en el poder y la gloria, y recuperar sus
adeptos los cuales escapan de sus coros para apoyar con más y más fuerza a la
hermosa ranita, uno de los expectantes en medio del suspenso colectivo, grita /vuela/,
y de inmediato el resto de los
animales iniciaron junto a este, a corear y a gritarlo a todo pulmón con rítmica
melódica… /vuela, vuela, vuela…/ y
claro la rata alterado por sus deseos de gloria lo hizo tal cual a lo pedido, por
quedarse con el show, y además encasillar a la rana, a un paso de distancia, emprendió
un salto inmenso, para atrapar a la rana sin importar el límite, creyéndose así
el pedido era para él, caso tal del susto, rana salta para evitar ser atrapada
y cerrando los ojos del pánico queda suspendida en el aire.
aun sentía bajo sus pies el tronco que no
concebía, ya qué también saltó hacia arriba para evitar a la rata, pero por
arte de credo seguía con sus bazos plegados, suspendida en el aire, el cual con
la brisa le acariciaba el rostro, de pronto miró y ahí frente a ella estaba la
mariposita quien de igual forma daba aleteos los cuales ahora ella la ranita
peludita imitaba, y de lo cual no se sorprendía, pues al estar ya una vez
suspendida y aun agitada seguía casi inmóvil en el resto de su cuerpo, batiendo
sus manitos, mientras tomaba aire para continuar volando y poder imitar a la
mariposa; mientras en el parque al lado de la cloaca todos habían quedado sorprendidos,
y así continuaban con la algarabía, mientras gritaban con entusiasmo /vuela,
vuela, vuela…/ y cada vez aparecían más y más animales y cuanto bicho raro existiese
en la zona, a motivar al tiempo y al unísono y se unían al coro, /vuela,
vuela, vuela…/ la rana piensa que era ya tarde para descubrir
cuál era su especie en realidad, mientras se paraba sostenida en el aire con
sus largos y grandes brazos incesante y
acariciada por el viento, toda una avecilla, con sus brazos enormes que en
realidad eran sus alas, y su bello pelaje de vestuario que parecían pelos, pero
en realidad eran plumas, y sus garras las cuales parecían patas cualquieras, y
su boca la cual en realidad era un hermoso pico, y su canto el cual en realidad
era un maravilloso y milenario trino, y
quizá por su rareza y falta de tonos al momento pareciere un torcaz o
tórtola, y a la vez fue el tiempo preciso, ya
así con sus aleteos, pudo salvar su vida, la rana no quiere mirar para
abajo, pero del sólo pensar lo sucedido a la rata, pues al parecer con el salto
al vacío la rama no lo aguantó y tristemente volcó, dando tumbos hasta el suelo
donde se despellejó, cayendo a la “autopisa” donde los autos le dieron el final,
el mismo cual hubo postergado en la rama del tronco al cual decidido saltar,
para engullir a la rana, quien en realidad era una tórtola o un faisán pequeño;
quien sólo de un salto sostenido en el aire pudo salvar su feliz destino, y así
el final de la rata y así la bondad de la rana. La mariposa siempre del lado de
la rana, o mejor dicho de la tórtola y así voló en línea del árbol, y la rana quien
en vez de pelo ahora veía su vistoso plumaje, siendo una tórtola precoz para el
vuelo, tomando las líneas de las ramas gruesas y seguras, las cuales le
indicaba con el vuelo de anticipación la mariposita, a quien no quiso comerse, llevándole
hasta el prado fresco y amplio donde los sapos ahora le ovacionaban, junto a
los demás bichos y animales fenoménicos, rarezcos y particulares del estanque.
Quienes ahora crean un jardín en el prado al lado de la cloaca, y mejoran
rodeando el cedro donde ahora vive la avecilla. En una de sus grietas.

