2. B
El maestro mide la hora de la clase, con relación al sol y la sombra, desde su clase impartida, ya en la perfilación con la distancia entre el desayuno y la media mañana, por tiempos de comida; de igual manera mide la cantidad de cigarros, y así en su recuento lo faltante o el ajuste de la primera mitad de clase del día, su destíno está púesto, los alumnos por lo menos se mantienen tendidos a la asistencia, la persistencia doctrinal acompaña al terruño casi inconquistado, todo con el afan de la defensa, la cartilla y los términos brutos de la Granada, se encuentran en función del desarrollo doctrinal e ideológico sobre el márgen enfactico Paezino y Mutista o Torresista de la royal junto al marco de riales de la Gran Colombia, la sombra de los arboles tiende la permanencia a base de buenos términos, el mejor proceso va en una orientacion histórica, la ruptura reformista y constitucionalista transversalmente en sus planes y agendas por vez primera visita a los campos, la inercia de la radio sumada a los más media, desde allí complementa un progreso diferencial, la ruta de los destinos confluyen. Tanto él cómo ella vuelven a conspirar, el ambiente diafano del sol y la niebla se vuelve hayar, la media mañana para el anuncio, casi les podría descapotar a todos, los colibries de los montes, de la casi jungle inexplorada, de las tierras del vulcano, de la energía la cual desata al trueno, el jaguar pasa no tan lejos del salón, bien pudiera saludar las reses, y evitar al igual qué los chicos, a los perros, a las serpientes y a las moscas, los mas pequeños no se inmutan afuera, la palabras encontrada trasciende la lógica de los heraldos comunes, el castellano se ha enamorado del ichin de los mayas, los sahmadies ya inician a oler a caturros, sín aún pensar en más planos, la cumbra del Medellín antiguo encuentra la proximídad de Caracas, Fernando Gonzales y Rodrigo Arenas compartirían clase en su transversalidad con Manuel Mejia o el mismo Simon Bolívar, la reconfiguracion temporal, y el profesor vuelve la mirada a su ruana, desde lejos ve las planas de los menores, los cálculos y las letras en aplicatividad de talleres diferenciales, el salón está lleno, incluso hay quiénes se hacen en suelo de baldosas virgen, a los pies de los pupitres de la primer fila, adelante del cubo doctrinal, justo debajo de la pizarra, para adelantar su educación.
El profesor dejando los espacios de designación, en deberes, y el salon en completo silencio, llenando sus espacios de sus tareas, utilizando desde hojas de cera, hasta pizarras de madera pintadas a mano, para hacer trazos con trozos de cal y volver a borrar, con el dulce abrigo rojo. Ha nadie le impiden sus quehaceres, la concentración de los alumnos en silencio, los pinceles sobre los rollos, las heraldicas signan los clanes, las reflecciones demarcan las rayas y los grafitos, sólo resuenan los lápices de carboncillo, la cal y una que otra pluma o el escaso esfero del profesor, los caligraficadores siendo estregados sobre papel por los estudiantes, el refuerzo está pleno, el profesor mide la luz del sol para la hora del desayuno, y para dar el campanazo.
Él la mira a ella, y cambian de dirección las miradas, conforme al encuentro de visiones, pero cómo todos les admiran pasan de inadvertidos entre un todo, aunque los brillos atractivos de uno a la otra de una al otro, les permíte dar al flujo, de vistas, por poco el encuéntro dicta, de qué cada cuál aprecia la belleza del otro; El profesor les hubiése saludado al encuentro de miradas. Ya la sombra en el patio está justo al sentido de encuentro de tiempos, el sol en su ascenso medio. El cigarrillo del profesor, pára de ahumar reposado en un cenicero al costado de una de las ventanas del salon. Él en sú quietud, observa al resto del salon, las alpargatas, las botas, las sandalias, los tuntun, zapatos de goma, cuero o/o de caucho, los ponchos, bufandas, sacos, fracks, hatas, pañuelos, busos y ruanas, los indigenas descamisados, los bigotes y bellos y glándulas o senos aún prematuros, casi desarrollados en elemental primaria, alumnos mayores de edad intermezclados con menóres, el pizarrón torna diversos lenguajes.
En la pedagogía presentada, la gestal exterior del profesor no inquieta a Simon, un menor de edad ilustre, quien en la mitad de las edades del promedio se hace en el nicho escolar y se estima, pero ademas se siente en controversia, pues admira a una chica y ello le hace sentir feliz pues le admira, pero tambien lo lleva al estado de avergonsamiento y ésto lo lleva hallarse en estado de encuentro de emociones.
Ella sentada, sín centrarce en algo más qué su estudio, mira con gracia a Simón, pues es modelo de ejemplo, y se queda suspenso en el tiempo mirándole, ambos responden con la mísma timidez, él pernota la mirada con los demas compañeros, desde los impecables hasta los del final de la mañana, y todos aguardan al descanso, pero, la vuelve a mirar, él, de cejas pobladas, de nariz roma refinada de ojos claros, los cuáles cambian de hasta 5 tonos en un día, dependiendo de la luz o el estado de ánimo, con algunas pecas y algunos lunares, con el ánimo del libertador, con la sonrisa de Rodrigo, y con la esperanza del trono NeoGranadino, pero ella en cambio, tiéne la luz del reflejo mísmo del alba, el rostro manifesto de la gran Satanatana, y el ahínco del trabajo en el rubor natural, y el cabello mejor tratado de los demas cabellos, y de los labios más puros y las palabras dulces en las pruebas y de las respuestas pertinentes, pero ella en cambio pernota el verlo a él, y tambien se evade de la ventana con la mirada en la gran inmensidad andina, viendo cómo los lisfez de entre los arboles del patio posterior y de la huerta, se alinean dando indicios de la hora, y justo a la proximídad, el profesor saca su reloj de bolsillo, y luego de revisarlo, abriendo la tapa con calma, alza su cabeza algo frustrado por el revés de la cuerda del quarts de bolsillo, el marca tiempos prensado en su saco atado a su cadena y las marcas de sus signes, revisa de nuevo con la mirada, el sombrero de bombacho descansa en el perchero, luego de la revisión ha algunas cosas de su habito simple, y con vista al grupo avisa a su alumnado.
-prepárense para la hora del desayuno, tomen todo lo debído en orden, pero antes hubiquen sus deberes estudiantiles en buen sítio, no sea qué borren lo adelantado.
Y los díspone para la salida al descanso, ya una guisa foranea ha traído, hasta el aula de clase, las onzas del profesor. El salón despierta, y el profesor sale hasta la puerta, pide a los alumnos contínuar en el púesto hasta luego de anunciar el descanso, y justo encíma de la puerta en la parte de afura, una campana recide los salones a los cuáles al galope del émbolo resuena sobre la cúpula y prendiendo la algarabía de todo el vergel, o la verada mísma, y se avalanzan con impulso hacia afuera los alumnos.
Ellos dos, no han definido el presente de su desayuno y se miran y miran al profesor y se pierden eligiendo, pués preparan su salida de apoco, el profesor les mira de nuevo y les observa, hasta qué sugiere.
-creo qué ustedes dos, Malela y Simon hoy tomaran el desayuno juntos, pero requiero que lo hagan pronto, y que abandonen el aula de clase para poder yo también tomar mi refrigerio.
Así salen juntos y se miran, pero conversan poco, y ya buscan el mismo arbol para sentarse a su sombra.